Fernando Savater: El placer de la lectura. Personalísma guía de escritores que me hacen gozar

Muchas veces nos preguntamos qué leen los autores que nos gustan y siempre celebramos este tipo de libros con recopilaciones de artículos que compendian sus lecturas, cual bitácora de viaje. 



Una vez leí que hay que ser respetuoso y no ser alcahuete, no perder el tiempo escribiendo sobre cosas que no nos gustan y celebrar y difundir las que sí. Este libro es un claro ejemplo de lo segundo. A lo largo de sus páginas se celebra el goce de leer, de encontrar el libro justo, el descubrimiento de un autor desconocido o el nuevo encuentro de uno conocido.

La única crítica que se le puede hacer al libro es que al ser una recopilación de artículos aparecidos en algunas revistas literarias no aparece la fecha de publicación. Nimiedades. 


Por sus páginas encontramos a autores (amigos)como Poe, Camus, Voltaire, Dick Francis, Claudio Magris y también a J.K. Rowling. Recomendamos la lectura sobre el niño mago.


Lejos de querer establecer un nuevo canon literario (de eso ya se encargo Harold Bloom) Fernando Savater es alguien que disfruta su academicismo, es una persona culta, autor conocido, difundido y traducido en mas de un continente, pero habla de libros con el mismo entusiasmo que un amigo puede hablar sobre lo que esta leyendo en una charla de café. 



A continuación pueden leer un capítulo del libro publicado originalmente en Infobae.

La brujería adolescente, por Fernando Savater

Si dejamos a un lado las picardías de Lázaro de Tormes, quizá sean Romeo y Julieta los dos primeros adolescentes realmente protagonistas de una inolvidable aventura literaria. Como demuestra también en otras piezas, sin duda a Shakespeare le gustaban los héroes y las heroínas de esa edad, que pueden disfrazarse fácilmente como representantes del sexo opuesto con deliciosa e imberbe ambigüedad.


De él probablemente los retomó Charles Dickens en el siglo XIX para la narración juvenil (Young Adults llaman al género los anglosajones) que también los mayores gustan de leer: Oliver Twist, David Copperfield y luego con más malicia Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer o Huckleberry Finn... Pero quien ascendió definitivamente al adolescente hasta el estrellato de la narración aventurera fue Robert Louis Stevenson: La isla del tesoro y La flecha negra están protagonizadas por muchachos, como también es mozo David Balfour, el mejor de todos, a quien a través de las dos partes de su saga (Kidnapped y Catriona) vemos crecer y robustecerse en experiencia, incluso madurar (si es que enamorarse significa madurez). Nadie como Stevenson expresó el arrobo de la edad púber, sus vacilaciones al borde del alero de la vida, su gracia desabrida e irresistible, a veces mortífera. Porque en la adolescencia hay algo demoníaco, un ansia de alcanzar forma estable y a la vez conservar la irresponsable ondulación de lo espontáneo, una búsqueda apasionada del amigo adulto que sea a la vez padre y tentador...


Después de Stevenson el adolescente se instaló en la novela de aventuras juvenil para quedarse definitivamente, algunos con un toque más humorístico —Guillermo Brown— y otros un poco más aniñados, como los chicos y chicas de Enid Blyton (a quien podríamos considerar la "abuela" de J. K. Rowling y cuyas Torres de Malory tanto recuerdan premonitoriamente al colegio Hogwarts). Yo siento especial debilidad por el más stevensoniano de todos estos epígonos, lamentablemente desconocido en España, Leon Garfield, cuyo Smith no hubiera desmerecido en el catálogo del propio RLS. Sin olvidar desde luego a Frodo, Sam y demás compañeros hobbits, que son también unos adolescentes raritos hasta cumplir el medio siglo o más de sus envidiablemente largas existencias.


Harry Potter desciende por vía directa de esta ilustre prosapia. Es huérfano, condición que el adolescente siente esencialmente como propia porque la pubertad supone siempre la muerte al menos simbólica de los padres. Pero en su caso los padres han muerto de un modo trágico, que le ha marcado incluso físicamente de modo indeleble, y su asesinato le ha dejado como herencia la sombra de una especie de padre oscuro y siniestro, Lord Voldemort.


En tiempos de Dickens, los huérfanos zarandeados por los avatares de la vida y la incomprensión rapaz del mundo tenían en su origen un destino aristocrático o al menos patricio cuyos privilegios tardaban a través de muchas peripecias en recuperar. Harry Potter pertenece a una aristocracia de efectos inmediatos y perturbadores, que lo aísla de sus parientes más zafios y a la vez lo resguarda pero también compromete: es un brujo, un mago innato. Su larga historia iniciática le va descubriendo paulatinamente que no está solo en su mundo hechizado, pero que esa compañía a veces puede ser entrañable y otras peligrosa. Volumen tras volumen, su saga se va haciendo menos humorística y pueril para cobrar aspectos ominosos que lo enfrentan con los inevitables dilemas morales de la vida activa: la fidelidad o la renuncia, la solidaridad o el abandono, el compañerismo rutinario o la aspiración a un camino propio que a veces resulta cruel con quienes más amamos... Y al final entrevemos, como no puede ser menos, la conquista del amor y la desolación del amor.



Quizá la tecnología mágica (cuyo encanto algo pueril forma parte sin duda del éxito del personaje) sea innecesaria para arribar a la lección fundamental: que es preciso recurrir a lo que de sobrehumano pueda haber en nosotros para alcanzar con plenitud la modestia de lo humano. Y por esa prueba todos hemos tenido o tendremos que pasar. Hace medio siglo, cuando en Francia apareció una niña prodigio con dotes literarios, Minou Drouet, Jean Cocteau comentó: "Todos los niños son prodigios... menos Minou Drouet". Parafra seán dole a la inversa podríamos decir que todos los adolescentes son magos... incluso Harry Potter.

Fernando Savater es escritor y profesor de filosofía. Ha publicado más de cincuenta obras de ensayo político, literario y filosófico, narraciones y obras de teatro, además de cientos de artículos en la prensa española y extranjera. Algunos de sus libros han sido traducidos a más de veinte lenguas. Entre sus obras destacan La tarea del héroe (Premio Nacional de Ensayo, 1982) y las novelas El jardín de las dudas (finalista del Premio Planeta, 1993) y La hermandad de la buena suerte (Premio Planeta, 2008). Entre sus publicaciones más recientes destacan la novela El gran laberinto y el ensayo La vida eterna, una reflexión filosófica sobre la religión en la actualidad. Sus obras Ética para Amador, Política para Amador y Las preguntas de la vida, con las que ha tratado de acercar la filosofía a los jóvenes, se han convertido en auténticos best sellers. (www.fernandosavater.com)

El Placer de la lectura. Personalísima guía de escritores que me hacen gozar.
Fernando Savater
208 páginas
Editorial Sudamericana


Véase además: 

megustaleerargentina

www.fernandosavater.com/ 

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